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miércoles, 9 de enero de 2019

La frontera: una zona de conflicto sin posibilidad de solución a la vista

SANTO DOMINGO..- Desde Montecristi hasta Pedernales, en ambos límites de República Dominicana y Haití les es muy difícil a las personas que viven en esas zonas distinguir y en algunos casos, hasta respetar la división que los separa.


 Desde que en 1929 se estableció la división oficial de la isla, con el beneplácito de ambas naciones, no ha parado de haber conflictos entre ciudadanos de un lado y otro, por provocaciones también de un lado y otro. 

 La historia de sucesos y confrontaciones es enorme, pero sólo el año pasado, al menos cinco eventos obligaron al Gobierno dominicano a ‘reforzar’ la frontera para calmar las tensiones y evitar males peores. 

 El primer hecho fue el asesinato de dos agricultores, Julio Reyes Pérez y Neida Féliz Urbáez, por parte de unos haitianos, ocurrido a principios de marzo en Pedernales. Los dominicanos reaccionaron como otras veces, atacando a otros haitianos y destruyéndoles sus posesiones.

La tensión llegó al punto de que muchos ciudadanos se asociaron y amenazaron a los ‘invasores’ con que tenían veinticuatro horas para irse a su país; el Gobierno dominicano tuvo que intervenir e incrementar la dotación policial.

Un mes después, en abril, un soldado dominicano mató a un haitiano luego de que un grupo agrediera con piedras a una patrulla.

En cada ocasión, el Gobierno fue reactivo y envió refuerzos para calmar los fuegos y posibles retaliaciones de uno y otro lado de la frontera. Sin embargo, ni esto ni las otras acciones que ha realizado el Gobierno parecen ser las soluciones al contrabando, narcotráfico o la entrada y salida de haitianos.

En septiembre del 2018 el Ministerio de Defensa y el Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza (Cesfront), anunciaron la construcción de un muro desde las pirámides 180 a la 183, con 2.5 kilómetros de longitud, muy cercano a las oficinas de Aduanas y Migración en Carrizal, en una zona que utilizan tanto haitianos como dominicanos para el contrabando. En ese entonces, el Ministro de Defensa, General Rubén Paulino Sem dijo: “Desde marzo hemos aumentado la seguridad en la frontera, dotando con personal, equipos y cambios de comandantes”. Y aseguró que desde esa fecha la zona estaba controlada y anunció una baja en el tráfico de indocumentados, drogas y armas.

A comienzos de agosto, el Gobierno inauguró un nuevo puesto de vigilancia en Los Pilones, entre los límites de Peravia y Azua. En esa ocasión, el Instituto Dominicano de Aviación Civil (IDAC), entregó ‘drones’ de la marca Hoversmarst 100 para el monitoreo de la frontera. Días más tarde, en Elías Piña, se desató un combate entre militares dominicanos y ciudadanos haitianos que intentaron trasladar un cargamento de cemento sin pagar los impuestos aduanales. El incidente dejó cuatro heridos, tres haitianos y un militar dominicano.


En noviembre la prensa volvió a conocer una nueva historia de terror fronterizo, narrada por dominicanos profesionales de la medicina que fueron bloqueados por una masa de haitianos en la Carretera Internacional, despojados de sus pertenencias y a merced de sus secuestradores.

 Este hecho repercutió en toda la prensa nacional, y provocó la reunión entre el Ministerio de Defensa, Cesfront y la Dirección General de la Policía de Haití para acordar soluciones a conflictos en la frontera.

Antes de que terminase el año, el comandante del ejército, Gonell Regalado, envió 600 hombres más a la frontera. Pero, más allá de los acuerdos, nuevos puestos de vigilancia, muros y la tecnología; el 5 de enero cayó abatido Oriano Montero Encarnación, de 24 años, oriundo de Hondo Valle, a manos de un haitiano que no quiso acatar la orden de detenerse cuando la patrulla le exigió.

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