OPINION: Danilo, presidente del PLD - NOTICIAS DIGITAL ARENOSO

lunes, 15 de marzo de 2021

OPINION: Danilo, presidente del PLD

Redacción Digital - Que difícil ha de ser para alguien en lo personal o para una institución, de cualquier naturaleza, tener que verse en la inclemente disyuntiva de tener que decir: «Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedios, contigo porque me mata, sin ti porque yo me muero».

Así dice el estribillo de una canción cuya poesía y rima encajan perfectamente con la situación actual del PLD de Danilo, el cual, en su desesperación rabiosa, se aferra a un pasado, que lo sumerge, aún más, en la catacumba fría y solitaria del desprecio ciudadano.


Ese partido luce a la deriva, sin perspectivas y sin visión política del presente, y muchos menos, sin procurar construir hoy, un futuro de poder y de gloria que, pudiese rectificar los errores capitales cometidos, que convirtieron a su rancia dirección política, en los políticos más odiados de este país.

Fiel a sus errores, esa organización política ha elegido, en una elección cuestionada, a Danilo Medina, un personaje cuya imagen pública está, según recientes encuestas, sumamente deteriorada, por ser el mismo pulpo, que con su «estrategia» condujo a ese partido a perderlo todo, incluyendo la vergüenza.

El otrora PLD, en manos de Danilo, algo insólito como impensable, instituyó el fraude como método político, el irrespeto a los acuerdos políticos de alto nivel, permeando, sin tapujos, las instituciones públicas, e incluso poniendo a generales, por obligación, a involucrarse en política directa.

El nuevo presidente del disminuido PLD, en su paso por el poder lo corrompió todo, imitando a Trujillo colocó a toda su familia en posiciones claves de su gobierno y hoy, por arte de magia, todos son millonarios, formando parte del selecto grupo de Arroyo Cano, beneficiados con la loto llamada R.D.

En cualquier país del mundo, una persona con un portuario tan ominoso, le habría de esperar dos caminos irremediables, enfrentar la justicia o soportar el ostracismo político, los ejemplos abundan en Latinoamérica y el mundo, en cambio un sector del Pld, prefiere desafiar las leyes de la física y las ciencias políticas.

Con su acción del domingo pasado, el pld, reivindica un pasado corrupto, en desprecio, para su desgracia, recorrer el trayecto, aunque empinado, de la renovación, que pudiese, a lo mejor, hacerle un «despojo», para proyectarlo, quizás, en 10 o 20 años, como opción de poder.

Pero la tozudez política abunda, máxime cuando «el jefe» en sus gobiernos, ha prohijado la corrupción, sólo así se justifica lo de su propia familia, tal permisividad premeditada, engendra adeptos rabiosos, que sueñan, como ilusos adoctrinados, en volver al poder, con el mismo obtuso, que los había convertidos en los nuevos millonarios.

Está científicamente demostrado que, la locura en grupo es la regla, y que, en esa explosión desordenada de neurotransmisores, traducidos a la política, el grupo u organización llega, incluso a cometer, suicidios políticos inexplicables, en masas y en cadenas, idéntico a lo que ha hecho el PLD.

Con la elección de Danilo y la vieja dirección política, es tanta la locura medular incrustada en esa organización, que ya no conceptualiza, lógico e imposible en el éxtasis iracundo de la locura, ignoran que, al retroceder, les hacen un favor a los demás partidos políticos del sistema, y que, por demás, aceleran su inevitable y dolorosa muerte.

En política como en la vida, importa más lo que no se ve, que lo que se ve, y la elección de Danilo por su grupo en el pld, de entrada, produce dos efectos inmediatos: a) lo sepulta definitivamente, por su evidente desconexión con la sociedad; Y b) fomenta, sin respeto, la disensión aguerrida y alienta el desánimo, condimentos perfectos, para una nueva ruptura de proporciones inimaginables.

El Pld de Danilo, con su elección, hace una apología o elogio de la locura, como Erasmo de Roterdam, y en su estulticia y despojo hechicero, ya no piensa, más bien se aferra a quien representa la locura misma, buscando huir u ocultarse, asustado como Adán en el paraíso, al juicio divino y de la vara justiciera del soberano.

Sí, de ese mismo pueblo que, en su gran mayoría, hubo de despertar, en el mes de Julio pasado, del sueño de corrupción, que lo envilecía.